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viernes, 29 de noviembre de 2013

Sueños bautismales...





Baptismal Dreams...
Fotografía:
Delia Hernández




Dicen que la mayoría de las personas poseemos memoria fotográfica.
En realidad, el que sea así o no, también depende de muchas otras cosas,
como por ejemplo, el que el individuo pueda interiorizar 
desde muy corta edad, eventos y sucesos de su vida diaria,
a partir de cosas cotidianas (y tal vez sin importancia alguna)
hasta eventos significativos y para el resto de su existencia.

Pues bien, creo que soy una de esas personas.
Así, sin más.

¿Que por qué lo digo?...
Bueno, porque tengo imágenes en mi interior donde precisamente,
me encuentro en la pila bautismal,
sintiendo las gotas frías que me bañan no únicamente
la pequeña cabeza -como corresponde a un pequeño niño
de escasos 12 meses de vida-...
sino también el delicado rostro mío, como infante en brazos.

Y luego...
siento las miradas cálidas tanto de mis padres
(¡recién estrenados padres conmigo, por supuesto!)
y de los nóveles padrinos quienes,
orgullosamente,
esbozan sonrisas de satisfacción y de cariñosa alegría ante tal momento,
tan lleno de espiritualidad y de fé, donde se espera imbuir a un nuevo ser
del hálito no sólo de vida eterna (según nuestra creencia religiosa,
en este particular caso)...
sino de una existencia bajo el cuidado amoroso de quienes, esperan,
ser un referente de orientación y guía, con valores y con esperanza
de lograr contribuir a la formación de una personita buena...
así, sin más palabras.

En fin...
Puedo seguir diciendo cosas mil...
y cosas que tengo presentes no solamente en mi mente ya de adulto,
sino en mi corazón y en mis pensamientos ahora como persona mayor.

Sin embargo,
siempre tengo presentes esos pensamientos a manera de tiernos y añosos
sueños bautismales, donde, en brazos de mi madre y bajo las miradas acuciosas
de mi conmovido padre y de mis cariñosos padrinos 
(quienes en realidad son mis tíos)...
estuve recibiendo gotas de vida y de buenos deseos;
pequeñas dotaciones de amor, a manera de oraciones y de plegarias,
donde se me brindaba la posibilidad de sentir en el abrazo materno,
el principio de existencia buena, con la maravillosa esperanza de llegar a ser
una persona con valores y con amor, para poder brindarlo a los demás,
cuando llegase el tiempo...
el irremisible y hermoso tiempo, 
de ser dador de vida con mis propias extensiones de mi amorosa existencia.





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