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martes, 17 de diciembre de 2013

Antes de todo, antes que nada, procura ¡ser felíz...!




Fotografía:
Google Imágenes





Por lo regular, estas fechas son óptimas para que los buenos sentimientos, además de los buenos deseos, se hagan presentes por doquier y no importando las circunstancias que precedan o antecedan nuestra situación actual.

Es bueno sentirse parte del ambiente festivo y de bienaventuranza de estos días.

Es más agradable y maravilloso, desear que todos los demás se encuentren también del todo bien o que sus deseos y anhelos, se vean todos cristalizados de mil y un maneras. Es verdad.

Sin embargo, lo más importante aún (me atrevo a decir) es que uno esté y se sienta bien con uno mismo, no importando si nos encontramos en plena época decembrina o celebrando cualesquiera otra festividad.
No.
Creo (y asumo, muy concientemente) que debemos estar bien y sentirnos bien siempre...

Ya que, sin temor a equivocarme, segura estoy de que este estadio es algo que comúnmente las personas llamamos FELICIDAD.

Una sonrisa.
Un abrazo cálido y fraterno.
Un pequeño detalle cifrado en un buen deseo o en una frase amable.
Sí...
Todo eso es parte de la felicidad de todas las personas.

Mas, ¿qué es la felicidad?
O más allá de eso... ¿qué es SER FELÍZ?

Muchos dirán que es aceptarse uno mismo.
Otro más, tal vez, nos digan que es tomar la vida y sus circunstancias, tal y como se presentan.

Quizá, halla quienes digan que es ponerle buena cara a todo... a pesar de lo terrible de las cosas o de la profundidad de los problemas a enfrentar.

Quiero pensar que también habrá quienes nos mencionen que la felicidad radica en no mirar atrás; en no vivir en el pasado y más allá de eso, en no estancarse en los errores que no permiten la superación de esa vivencia cifrando posibilidades de mejores momentos en el presente y hacia el futuro.

Podrán decirse mil y un cosas más, pero, el común denominador en todas ellas, es referido a tener básicamente una actitud positiva y propositiva para seguir viviendo el día a día con una resuelta determinación a hacer de ese día, un gran día... sin desperdiciarlo en rencores absurdos, en complejos ineludibles; en traumas de niñez o en sentimientos malsanos de envidia al prójimo o de revanchismo hacia nuestros jefes o amigos quienes han tenido en poco tiempo, una evolución y un desarrollo más rápido que el nuestro en su ámbito laboral e incluso en el personal o familiar.

El ser felíz radica en uno mismo.

Ser felíz implica encontrar en base a la experiencia, el equilibrio óptimo (que no perfecto o ideal) entre lo que fuimos, lo que somos y lo que aún anhelamos ser sin esperar fórmulas mágicas que, en un abrir y cerrar de ojos, nos hagan sentirnos mejor  o más populares.
No.

Y cierto es que, como seres humanos tan defectibles (pero también, tan llenos de posibilidades de superarnos y de ser mejores personas día con día) podemos corregir sobre nuestros pasos dados.
Podemos ser humildes y reconocer (primero y antes que nada, ante nosotros mismos) que nos equivocamos y que tal vez, fuimos sumamente soberbios o egocéntricos para querer tomar una decisión sin quizá, ponderar sus consecuencias irreversibles.

Podemos sonreir y ser amables con todos... incluso, con aquéllos que no nos contesten o no nos devuelvan el saludo... ¡qué más da!
Muy probablemente a fuerza de la insistencia (nuestra, por supuesto), esa persona que no acostumbraba sonreir, ahora sonría.

Muy seguramente, ese muchacho o niño que no saludaba al pasar frente a tí, ahora sea él quien sonriendo busque nuestro rostro para decirnos alegremente: "¡Buenas tardes, Señora!...

No nos quita nada ser amables, educados, optimistas... ¡alegres!

Y créanme que, si día a día, sumamos estas gotitas de buena actitud y de generosa ayuda para con nuestro prójimo, nuestro vecino, nuestro compañero de escuela o de trabajo, cuando menos nos demos cuenta... nos sentiremos bien y espiritualmente satisfechos; seremos felices, muy felices ante todo y ante cualquier circunstancia por muy difícil que ésta sea, ya que ése equilibrio interior, nos permitirá pensar más tranquilamente ante la situación o problemática que estemos viviendo.

Esa sensación de bienestar al interior, también dejará que no nos dejemos llevar por la desesperanza o por abatimiento quizá, en un momento de angustiosa espera o de una toma arrebatada de decisiones.

Y si me es permitido escribir unas cuantas palabras mas...
En verdad, tratemos de ser felices porque de eso dependerá que el resto de los días que nos queden de maravillosa existencia, seremos seres mucho más afables, bondadosos, objetivos y propositivos, de generoso y buen corazón y de muy buenos sentimientos, lo que nos otorgará una capacidad y un potencial espiritual mucho más fortalecido de grandeza y de sensatez para enfrentar la vida y los problemas por muy dolorosos o inesperados que estos sean.




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