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martes, 28 de enero de 2014

Si te digo al oído...




Fotografía:
Gregory Allen
(Google Imágenes)





Te miro a lo lejos,
en la recóndita memoria
de mis recuerdos gastados.

Te veo...
te siento...
y te vas.
Te escapas
como arena en las manos,
al intentar rememorar
ése instante en que no fuiste más...
porque el velo de la morada eterna
te cubrió mucho antes de que me escucharas, 
mas...

Si te digo al oído
de cuántas infinitas maneras estás en mí,
¿me creerías?...

Si te digo susurrando,
que tu ausencia en mi ser se prolonga
al no formar una sola esencia aún,
juntos tú y yo...
cuando escucho los latidos de tu corazón
vibrando en la profunda obscuridad
de tu alma etérea,
¿sentirías mis palabras como verdad absoluta?

Si te digo añorando:
que hoy, mañana y siempre,
serás la maravillosa presencia de vida
que dé a mi existencia
el beso álgido que sacuda mis más ocultos anhelos
de esperanza a pesar de tu inmaterial permanencia,
¿harías tuyo este sentimiento eterno?...

Si te digo, dulce razón de mi pervivir,
que sigues siendo, 
que sigues estando en mí
y que, 
no importa cuántos inviernos y cuántas primaveras más
me resten por vivir sin tí,
esperando el anhelado encuentro más allá de esta vida...
¿me seguirías esperando hasta el final de los tiempos?

Si te digo...
Si te imploro...
Si te susurro cuán grande es mi amor,
¿regresarías sobre tus pasos lejanamente andados
para intentar recobrar, el aliento de vida
que ya no es ni está en tu desfragmentado ser?

¿Si te digo al oído...
volverías a nacer para mí?


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