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viernes, 21 de marzo de 2014

La sesión de fotos...





Falling
Fotografía: Amanda Diaz





La algarabía era impresionante.

En el lugar elegido,
una cantidad imprecisable de chiquillas
-todas entre la adolescencia
y la juventud temprana-
gritaban frenéticamente por doquier.

El productor y el jefe de la locación, 
no sabían cómo controlar
el impresionante cúmulo de hormonas adolescentes;
ciertamente,
era todo un éxito la elección realizada:
el modelo y rostro de moda 
¡había sido más que validado
por tantos gritos y desmayos de todo el chiquillerío
ahí reunido desde temprana hora!

La campaña comercial tenía un nombre: "FALLING"
haciendo un juego de palabras entre la época otoñal,
la caída de las hojas...
¡y el enamoramiento de las niñas ahí todas locas
por el desconcertado joven 
que lo único que quería, 
era terminar la sesión de fotos!

Ésta se había hecho interminable;
los costos se producción se estaban yendo por la borda.

Cuanto más se alargaba el término de la misma,
más desesperados se ponían todos:
el mismo modelo que había tenido que repetir
ya, quién sabe cuántas veces,
las mismas tomas.
El Productor y el Jefe de la Producción;
los asistentes, el fotógrafo, la maquillista,
el estilista, los del staff técnico,
el equipo de catering con todos los alimentos ya cocinados...
en fin.

Por más que se había solicitado 
a todos los asistentes
(principalmente los cientos y cientos de chiquillas)
que por favor...
¡que por favor!
ayudaran no gritando,
no tomando fotografías al modelo...
no hablándole pidiéndole teléfonos
y hasta diciéndole que querían salir con él...
nada.

Todo seguía igual.

Casi pasando el medio día,
el joven -también aspirante a actor-
sin hacer caso a su representante,
se acercó a la turba histérica ante él.

Les pidió que guardasen silencio
y les dijo que...
si no hacían nada de ruido,
él prometía hacer una rifa y salir con la chica 
que resultase premiada.
(Pensando para sus adentros que no tendría éxito
su idea desquiciada y desesperada).

Mas...
Todo mágicamente quedó en silencio.

Se culminó con la sesión de fotos
y...
antes de irse,
repartió tarjetas con un número
(que le pidió a su representante que como loca
se pusiera escribir no pasando de 200... ¡200!)
y dijo que quien tuviera el número...
mmmm.... 103
era con quien saldría.

Fué la locura total... ¡en verdad!

Y ahí,
de entre las cientos de jovencitas hechas un grito,
salió una pequeña ancianita quien,
ufanamente... 
presumió ante todas su tarjeta con el flamante... 103.

El joven la tomó rápidamente del brazo
y le dió un beso en la mano.
Le dijo que si lo acompañaba a cenar...
y... respirando profundo,
esbozó una sonrisa 
de alivio,
caminando hacia su camioneta
donde su asistente y representantes,
los estaban esperando.
Fin de la historia...

Al menos,
la impresionante nube de niñas,
quedó con una sonrisa de consuelo...
viendo que el príncipe de sus sueños,
era todo un caballero.

Y se fueron todas si no satisfechas...
cuando menos, tranquilas 
y con una sonrisa arrebolada en el rostro.



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