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lunes, 23 de junio de 2014

La confrontación del diccionario...




Fotografía:
Google Imágenes






En una de tantas ocasiones,
lleno de valor
ante su gran molestia,
el diccionario se enfrentó
a la presencia indeseable 
de nuevas palabras y de maneras
-un tanto extrañas-
de expresiones coloquiales.

-"¡No, no...!"

(Expresaba airadamente)...

-"Así no se dice..."
-"Está mal escrito"...
-"¿Por qué no lo hacen bien?"
-"¿Qué es lo que ahora
les enseñan 
en la escuela...?"...
Vociferaba  haciendo aspavientos
desesperados e impotentes.

-"¿Cuándo volveremos a ser como antes?"...
(Mirando fijamente al horizonte).

-"¿Cuándo las formas de dicción,
de bella expresión escrita,
de puntual educación,
amables, atentas y correctas,
se harán presentes 
otra vez en nuestras vidas?"...
(Y acariciando sus bellas páginas,
lanzó un suspiro triste y nostálgico
por recordar cuánta felicidad vivida
tiempos atrás, 
en que él era el protagonista
-con sus infinitas palabras contenidas-
de las más hermosas historias de amor,
de las más apasionantes aventuras...
de los grandes libros de misterio,
haciendo gala de los más exquisitos vocablos
que las letras de los hombres escribían
pretendiendo quedasen eternas
al impregnarse en las blancas hojas
de los libros viejos oliendo a añeja sabiduría).

Por un rato siguió tristeando,
absorto en sus hermosos recuerdos del ayer;
caminó con decisión y,
detuvo su marcha frente a un enorme
y vetusto espejo.

Se observó con detenimiento.

Y mirando fijamente su propio reflejo...
pasaba -una a una-
sus añosas páginas que,
a decir verdad,
ya nadie veía ni consultaba.

Se detuvo en una de ellas y,
dibujando una leve y tímida sonrisa,
se concentró en una palabra.
Una sola palabra que,
además de captar su atención,
logró hacerle reflexionar:
LECTURA.

-"¡Sí...! ¡Lectura...!"
(Externó a todo pulmón...
bueno, si un diccionario
pudiese tener algo parecido a un pulmón).

-"Si nuevamente, 
todas las personas leyeran...
si de nueva cuenta,
se lograra que el amor por los libros surgiera,
entonces no tendríamos problemas de nada.
Ni de palabras inventadas...
Ni de errores impensables de escritura...
Ni maneras equivocadas de hablar...
¡Nada!"
(Dictando cátedra a su propia imagen
que le devolvía un fiel, leal y atento espejo).

Y, 
resuelto...
cerró sus páginas
y comenzó a elaborar un plan en su mente;
una estrategia que pudiera hacer
que los niños, los jóvenes,
los adultos... ¡todos en general!
Volvieran a querer tener
con ávida pasión
un libro entre sus manos.

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Hasta la fecha...
(y ahora lo digo yo
con suma tristeza)
nuestro querido diccionario
sigue pensando en un plan;
en una maravillosa estrategia
que haga que todos nuevamente
amemos las letras...
queramos el lenguaje...
escribamos las palabras
con amor, 
con dulzura,
con puntual corrección y ortografía,
para así...
devolver un poquito
de cariñosa atención 
a este necio diccionario,
que, como les dije,
no encuentra la forma ideal,
la manera perfecta,
de hacer que una vez más
(y para siempre)
felízmente,
forme parte de nuestras vidas...



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