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viernes, 13 de junio de 2014

Un pequeño gran amor...




Fotografía:
Public Domain Pictures





Como todos los días que llegaban a casa,
la atribulada madre 
intentaba tener 452 manos
para que le diese tiempo 
de hacer todo lo pendiente.

Ropa...
Niños y más ropa...
Comida, niños y más comida...
Tareas del colegio, ropa, juegos, ropa, cena...
Uffff... ¡un sin fin de cosas más!

Los dos mayores,
"los gemelos" (como todos les decían)
adolescentes en pleno,
aunque trataban de cumplir 
con sus tareas en casa,
realmente no hacían mucho que digamos
por disminuir todo el cúmulo
de cosas por limpiar, recoger 
o arreglar.

Y el pequeño preescolar...
aquél que con 6 años,
parecía como que no hacía mucho bulto,
veía a mamá 
y hacía carita como de preocupación
por verla ir y venir; 
subir, bajar, regresar...
siempre con cosas y más cosas 
y más cosas en las manos
para que de repente... 
entre carrera y carrera, 
una pequeña sonrisita nerviosa
se dibujara en el cansado 
y dulce rostro
para el chiquitín 
que anhelante...
esperaba pacientemente,
la amorosa mirada de su madre.

En una noche,
una de tantos días así...
la agotada pero satisfecha mamá
al concluir con la extenuante jornada del día
y después de darles el beso
de las buenas noches 
a sus tres amados hijos...
comenzó con la última parte del ritual:
revisar que todo estuviese en orden
para el día de mañana.

Finalmente,
al irse a su habitación
y disponerse tranquilamente 
a descansar...
vió abajo de una de las almohadas
de su enorme y mullida cama,
una hoja medio doblada.

La tomó y la abrió
extendiéndola por todo lo alto;
observando con detenimiento...
no pudo evitar que una enternecida lágrima
bajara por todo su rostro,
lleno de dulce ternura
al ver lo que ahí se encontraba:
una manita dibujada
debajo de muchos garabatos de
infinidad de colores...
(ciertamente, la del chiquito preescolar)
donde, comenzando a aprender a leer
y a escribir también en otra lengua,
había escrito con letra
aunque un poquito ilegible,
las palabras más hermosas 
que jamás hubiese podido imaginar...



YOU ARE BEAUTIFUL
mamá



Y con suma delicadeza,
apretó con dulzura ese papel
que simbolizaba todo para ella...
haciéndole saber que,
de igual manera...
ésas letras contenían el más puro,
bello y pequeño gran amor.

Sonrió...
tan conmovida como amorosa
sonrió...
y feliz, como toda madre,
agradeció a Dios por los dones recibidos
y por la bendición inigualable
de ser una muy querida mamá.



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