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sábado, 7 de abril de 2018

Un día lluvioso...





Caminando lenta y sutilmente...
de forma etérea,
casi como si el suelo
tuviese una pequeña capa al aire
y mis pies no pudieran tocarlo,
así voy hilvanando las gotas
a cada uno de mis recuerdos.

Es un día lluvioso; pienso en mil cosas
que ocupan mis días y mis noches mas,
la trascendencia de mis sensaciones
es mucho mayor que todas mis preocupaciones.

Ayer lo ví.
Mejor dicho: ayer nos vimos
después de una breve ausencia.

Charlamos como tanto y tanto 
lo habíamos esperado.
Sonrió y finalmente lo dijo.

Habló conmigo...
Y mi corazón albergó una sensación de calidez
y de tranquilidad insospechada.

Se iría en unos días.
Mas, nuestros planes ya no tan inciertos,
se verían materializados -quizá-
poco a poco.

Estoy bien y contenta.
Contenta y feliz...
Y feliz y aliviada, muy aliviada. 

Los mismos días que él necesita 
para iniciar una nueva etapa laboral
y avecindarse en esa nueva ciudad,
serán los mismos que necesita mi alma
para saber si, esta pertinaz lluvia,
permite clarificar mis sentimientos
y tomar la decisión que no he querido asumir,
que no he querido aceptar 
haciendo mía la responsabilidad
de llevar en mis entrañas 
y en mi enamorado y rebosante corazón,
algo más que un latir dador de vida
que de a poco surgió en mí, 
como cariñoso resultado de este gran amor...




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